lunes, 9 de marzo de 2015

Breve suicidio

Llueve sobre sus ojos y ella no sabe como detener el frío de su alma, rotos sobre el mueble yacen los pequeños platitos del juego de té, aquellos grises platos que él le regalo en su décimo aniversario. Se levanta y sobre el suelo los cristales rotos del espejo, aquel espejo donde se miraba a diario viendo que podía mejorar para complacerlo. Mientras caminaba al baño, rota, la única foto que quedaba intacta, flotando sobre el agua del florero, ahora vacío y al final del pasillo... el cristal y las espinas de rosas marchitas. Las paredes amarillas y la luces encendidas a las 9 de la mañana, no hacían diferencia de la noche o el día. Aunque su corazón fuera un manojo de luces que poco a poco se desvanecían. Llovía en sus ojos y era de día, las horas pasaban y al final la puerta del baño. Se inclina sobre el lavamanos, delínea una sonrisa y se echa a llorar. ¿Cuántas tardes más llorará sola en el departamento? ahora convertido en una eterna posilga, más triste su corazón donde ahora reina la anarquía, un desorden dirigido por la amargura. La locura, se asoma en sus pupilas, han pasado docenas de días y para ponerle punto final, se sumerge en la tina ahoga sus pensamientos y su vida. Mañana renacerá con el corazón congelado, porque donde ayer brillo el sol y hoy a llovido mañana tristemente nevará.

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