viernes, 25 de septiembre de 2015

De los demonios del alma

Están aquí, quieren escapar de mis labios, de mi mente y mi piel, son ciegos y perversos. Lo único que quieren es ser libres pero ¿a que precio?. Cada vez que dejo escapar a alguno, por ahí va haciendo algún agujero, uno mas grande que otro difícil de resarcir.

En el último mes muchos han escapado, he dejado la oración de lado he acumulado pecados y ahora ya no me pesan más, es una lucha constante y me aferro a mi miedo.

Pero hay un demonio que en especial me persigue, me ataca en la soledad y en la desesperación. Aquella noche que Abigail entro en mi cuarto no lo pude frenar, porque había dejado de orar.
¿Desde cuando fue tan fácil, los demonios liberar? 

Soy un alma de hierro y los demonios suelen escapar, porque mi mirada quema y me parece no importar. Aún no veo aparecer la felicidad, más la soledad es mi nueva amiga y tan vieja una vez mas. Lo único que veo en el espejo es una masa de carne deforme capaz de aniquilar, busco el éxtasis pero de buscarlo aburrida estoy ya. Quizá deba dejarlo ya, que se arrugue como una pasa, la ambición del cuerpo y del único universo al que no puedo llegar. 

Mi soledad me besa el rostro y me ha dado fuerza pero la armadura sólo oculta un pequeño monstruo queriendo volar. Una noche más estoy frente al espejo tratando de ser aburridamente perfecta para quien no llegará jamás. Me acomodo en una esquina y me refugio en estas letras descartando cualquier posibilidad de no encontrarlo. La ambigua Felicidad.

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