Ella estaba sentada bajo el eucalipto, mirando el cielo azul con la mirada perdida, pensando en aquel beso robado. El cielo azul bello despejado.
Él venía desde lejos como un enamorado, pero no decía nada estaba hipnotizado ante la belleza macabra, de un beso inesperado.
Sentada bajo el eucalipto el viento empezó a correr y ella recordaba el beso aquel que a un soldado, un extranjero, ella había robado.
Él agarraba su arma y la vida eran plomadas, balas disparadas, venidas desde un ojo y una mano arrugada y temblorosa... Pero algunas más jóvenes daban con el alma y entre el polvo y el fuego nuestro soldado pensando en un beso robado fue herido, la bala empresa que llegó a la sien con su vida acabó.
La hora se daba y el no llegaba dar aquel beso quizá fue pecado que mató a aquel soldado, ella sentada bajo la sombra derramó un par de lágrimas y se dio por vencida cuando se le quebró el alma, sabía que muerto él se encontraba. Pues con el amor de da el alma. Y ella se había entregado con aquel beso robado un pacto mortal con que le había amado a aquel soldado que hoy yace muerto en el suelo, abandonado.
Sentada llovió y ella ahí se enteró por su alma que un pedazo de ella se había largado sin decir adiós, fuego inesperado. Así es dar el alma te agarra sentada la muerte inocente de alguien que amabas y murió ella como murió su alma.
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