martes, 10 de junio de 2014

1

Lindos zapatos de cristal destellan su reflejo bajo la luz de la luna en el cemento frío. Ella acaba de llegar. Ella se desliza entre la gente con ligereza y elegancia. El cabello largo, negro, lacio y fino como hebras de seda tinturadas al natural sostenido en una cola firme y precisa. La mirada profunda, obscura, tierna, dulce, misteriosa. Su sonrisa casi perversa casi tímida, pero contagiosa como si fuese agua que refresca por donde sus ondas llegan. Ella sostiene una copa entre sus delgados dedos. El vestido rojo carmesí ceñido a su cintura juega con la brisa de la noche. La terraza del hotel esta concurrida. Ella no busca a nadie. Alguien se detiene ante su presencia a algunos metros. Ella no percibe la profunda mirada que la esta analizando. Un caballero sonríe con malicia. Él esta observandola. La champaña se diluye en los labios del caballero. Un hombre alto de caderas finas y hombros anchos. Sus ojos de color ámbar se obscurecen al llegar hasta ella. Sus ojos por fin se encuentran, la boca de ella se seca. Se lleva un sorbo del vino rojo de su copa a la boca y retiene el líquido saboreando el repentino momento. Él la mira impávido y se acerca un poco más. Ella abre los ojos y sus pupilas se dilatan. Ella esta alerta a cualquier movimiento pero él solo se acerca más, despacio ajustando el momento al tiempo que pasa demasiado lento. Él sonríe y posa sus labios en la mejilla en una fracción de segundo.
-No pensabas saludarme.
Ella suspira, aterriza sus ojos en el suelo sin abrir sus labios traga el sorbo de vino que ahora se ha calentado en su boca. Los labios temblorosos emiten un tímido
 -Hola.
La gente empieza a aplaudir y un grupo se empieza a retirar. Otro caballero se acerca a ella la toma del brazo sin fijarse en la compañia reciente, la retira del umbral hacia una sala más intima al final de la terraza. Ella suspira agradecida. Mientras callado él los observa.

-¿Fernando, cierto?
- Lamento las condiciones en que nos hemos conocido, considere oportuno salvarla, debido a su mirada note... que ese caballero no es de su agrado.
Él respira entrecortadamente, afuera a empezado a lloviznar y el suelo de marfil de la habitación apenas deja ver su rostro, ella sonrie amargamente y se acerca aún sosteniendo su copa de vino.
- No era necesario que me salve créame a Jorge puedo controlarlo yo pero gracias.
- Perdón señorita Esmeralda que mal comienzo... sin embargo noto que mi interrupción fue bienvenida o no se hubiera dejado llevar tan fácilmente.
- Me doy cuenta por el carmesí de sus mejillas que ha considerado insolente el mismo hecho de estar aquí encerrados. Me retiro.
Esmeralda también se sonroja el vino ha subido el color de sus pálidas mejillas;  le extiende la mano en signo de una gratitud obligada, da media vuelta y abandona la habitación.

Ya en la calle ahí esta Jorge. Se acerca una vez más a Esmeralda. Ella sabe que no tiene el control, sin embargo sonríe al tiempo que aparca el chofer de su auto, sube al Bugatti Veyron color plata en una fracción de segundo. Jorge no tiene tiempo a reaccionar, solo sabe que ella es el símbolo de deseo en su vida y que por una vez en su vida no lo puede olvidar.

Ya en el automóvil ella fuma un cigarrillo, el chofer le ofrece un poco de coñac, Esmeralda lo bebe muy lentamente no puede evitar recordar el último encuentro con Jorge y la sensación de ser controlada por el nuevo miembro accionista del Hotel Fernando Cavallier. Este hombre misterioso de facciones delgadas, un caballero de la alta sociedad quien jamás ha padecido la miseria, un señorito blanco delgado pero con una elegancia natural que parece casi afeminada.

-Jorge Riviera
-Esmeralda de la Court
-Es un placer conocer a la futura heredera de la cadena de hoteles D' La Court.
-El placer es mío Jorge.
Ella sonríe maliciosamente, no es la primera vez que se ven, él es fruto de un romance veraniego en Viena. Sin embargo Jorge esta distante de ella, no soporta la idea de verla en ese ceñido vestido azul.
-Si pudiera arrancártelo aquí mismo, lo haría... murmura en el oido de Esmeralda.
-Temo que debo retirarme dice ella. Al mismo tiempo algo se tensa en su vientre al contacto de la mano de Jorge.
-Ahora en casa, ella se despoja de sus recuerdos y se tumba en la suave seda que es su sábana. En la habitación hay una sombra que apenas alcanza a observar porque sus ojos vidriosos están empañados de licor. La última gota de vino se ha despojado del cristal y ha pasado a hervir su sangre.

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