Con las manos vacías con medio camino de frente y un instante para la huida. Aún conservo la memoria de unas pocas sonrisas y cargo unos zapatos sin taco porque he caminado tanto que preferí la comodidad... Voy sola por este sendero de espinas, cuanto anhelo la perfecta compañía, porque ya no me soporto un segundo más.
Este camino de corto kilometraje solo me ha mostrado un ángel vacío, frío, inerte que camina por inercia que tiene una pequeña luz que es demasiado egoísta que no permite brillar a esa piel.
Voy cargando grilletes por cobardía y los fugaces momentos de lucidez no han alcanzado esa libertad. Voy llegando al final de un camino obscuro, voy sola, como empecé con más heridas y más cuidado, con más resentimiento, que no me hieren más las agujas que me clavan como los cuchillos que me clavo.
Sin miedo a equivocarme. Que mi vida decida la suerte que correré, porque mi corazón ha perdido calidez, es un peso inerte, un objeto de plomo, tan bien cuidado, que carga su soledad. Y atrás queda la vida como es.
Me basto un puñal para desangrarme al inicio del camino, manojo seco de pedazos rotos, inútiles pedazos y ahora que lees esta carta sabes que mi vida se fue contigo. Las gotas de aire y de sol se desvanecieron con tu voz. Se lleno de odio mi alma y de rencor. Quise obligarme a luchar por algo que no soy y ahora llego al final del abismo hoy ya dejé de caer y reconozco que si no floto entonces por fin hallaré dicha paz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario