Esta es mi cuenta secreta, es mi sueño perdido, un hilo que me ata a la vida, mi espejo, si cierro los ojos y pienso en que volaré, lejos, algún día... el tren que me lleve al final de mis sueños o el barco que coja en la estación solo es mi letra que vuela mientras cierro aquellos ojos que aun no han dejado de soñarte.
Encuentro gracioso como no puedo deshacerme de miles de tabús pero como si puedo desegañarme al mirar que hasta hoy he recorrido el camino del infierno de tu infierno y aún así sembrar en el aire mi flota de besos. Qué prominentes ideas me han conducido hasta el abismo que son tus besos. Y tus manos, tus manos acariciándome, cuán lejos estoy que la pluma termine la tinta en que te recorro cuando escribo.
Anhelo cada pedazo de sueño que se va en pedazos de hilo, de ideas, idealismos, utopías!.
Perfección, era en un tiempo lo que buscaba y cómo no entonces enamorarme del rojo de tus labios, del café de tus hijos, que asoman entre espesos filos de marcos puntiagudos de tus pestañas, qué sexy aroma aquel que emanaba de nuestro amor, como no atreverme a viajar ahí aunque conozco más de cien años el fatídico final, mi fatídco final, porque donde te encuentres se que has encarnado a otra piel los rumores que me susurrabas cuando me hacías el amor, porque entiendo que de nuestros encuentros queda la crueldad de hallarme tirada en la cama, exhausta y la tenue luz de aquel motel, hoy siento pasión cada que camino con rabia lo que un día camine con miedo, una rabia enfermiza me consume al no saberte mío, al saber de otra tus besos.
No me duele casi ya nada la herida solo cuando la abro... cuando el río de tinta marca una carta que quedó en el pasado, cuando mis lágrimas asoman como manantial a través de mis pupilas ya opacas, opacas de esperar entre letras ese final que nunca ha de llegar. Y me observo las manos, la piel ya arrugada, los sueños en la sangre, que parece parar de drenar. Estoy cansada, cada día que abro mis ventanas, me apasiono, te recuerdo en el olvido, olvidando que debo dejar de recordarte, pero es en vano aquel pensamiento de café matutino.
Sueño voces que no me llevan a ninguna parte, escucho ruidos como si esperara que sonase el teléfono, para citarme en nuestro lugar preferido, ahí donde muchas veces masoquista he asistido, donde muchas veces he desistido de estar por el inmenso vacío que en mi alma se llena.
Labios encarnados no me falléis cuando deba reprocharle al cielo mi desgracia. Voz invisible, gritad!
No se si debieras pedir que me borre la memoria, que olvide como pensar, como escribir, como recordar...
No se si debas pedir un ultimo aliento para quitarte la vida
No se si debas escupir en la cara de la traición
Pero seguro no podrías lanzarle un No al traidor que amo con pasión
Ojos negros, no miréis el pasado con amor. Prefiero dejarlos ciegos para siempre.
Y si debo morir antes de amarlo de nuevo creo que ya he muerto lo suficiente para como volver a amar. Pero que no llegue nunca ese día, en que deba mirarlo porque entonces deberé desistir de la vida antes que volver a sufrir a su lado. Porque me sé débil. Ya me he visto gritando. Gritando un dolor que no me pertenece, un dolor que debe vivir en el pasado!
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