jueves, 28 de noviembre de 2013

La persona que siempre sonríe delante de las lágrimas

Justo en el momento en que parecía en que a mí no me sucedería, llevaba una vida equilibrada, responsable de mis estudios, y pasa que cuando menos te lo espera, eso mismo sucede, la vida se encarga que sobre la línea de costa, ocurra la abrasión de lo malo, que se deposite lo bueno o a veces las olas son lo del viento inesperado.

Cuando pensé que todo era perfecto, que no necesitaba nada más fue cuando en realidad necesitaba todo, pero uno se ciega, y es cuando ese equilibrio se derrumba una perdida, una enfermedad, la soledad, todo.

En el ocaso, más fácil, hubiese sido botar la toalla, mis ojos vieron los cabellos más blancos, una expresión de dulzura en medio de las líneas de un atardecer que llega a su fin, una mujer. Una mujer con las manos más suaves, con el corazón más sensible, se aferra a la vida a pesar que está la ha arrollado. En agonía de pulmonía escuche sus ahogos, y se me partió el alma, ver con la energía con que se iba su alma.

Zahara, amó. Amó con inocencia, a pesar de haber sido tomada a la fuerza, en una noche con engaños, jamás le guardó rencor, se limitó a la compañía de sus hijos, pero era feliz, se aferraba a la vida y nunca volvió a creer en nadie más; ningún otro hombre la tocó jamás. 
Era capaz de amar con infinita locura la vida,de dar sus ropas al necesitado y regresar sin nada al hogar, en el puesto de la visita siempre había un plato lleno. Ingenuidad y ternura, pero siempre sonreía, aún cuando fue insultada, por la sociedad.

Cuando perdió a su hijo de 60 años, ella tenia 78 y lloró con dolor pero nunca renegó. No necesito otro hombre en su vida, era compasiva, ella tenía amor para todos, era luchadora.
Cuando perdió de 3 años a sus padres fue obligada a trabajar para sus hermanos, se le negó la oportunidad de estudiar, pero nunca renegó. Defendía a los caídos con su cuerpo, a los que habían errado en inocencia, por que la vida es eso mágica inocencia, creía en las segundas oportunidades, se aferraba a Dios. 

Fue madre soltera a los 17 años en una época donde un acto así la condenó a la soledad, su hija se casó y la abandonó vivía con su nieta, pero en soledad, trabajaba de sol a sombra en las tareas de la casa y nunca se quejó.Odiaba la soledad, odiaba las puertas abiertas en la noche, sentía miedo cuando empezó su senectud.

Jamás se agobió por los problemas, era pacífica, era una razón para vivir, su rostro ataviado por los años, y recordar a aquella mujer, hiere, porque uno piensa que hace todo bien, quiere ser feliz como ella lo fue, piensas que nada opacará tu pulcritud y es difícil que no puedas seguir esos ideales por una idea romántica de la vida, más difícil tener esperanza una vez que has caído en el lodo, cuando pensaste a mi no me pasará y resulta que un día vendiste tu alma a un momento de efímera felicidad que creíste eterno y ahora estás vacía, más difícil aprender a ver el sol, reconocer ese error y sacar lo mejor, pero casi imposible ser Zahara... ser... la persona que siempre sonríe por delante de las lagrimas.

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